Humo de media noche
Abres la ventana, prendes un cigarro y te
sientas a pensar.
Es media noche y escuchas perfectamente
todos los ruidos que hay en el edificio en el que vives. La ventana de tu
cuarto te deja ver el centro de tu complejo. Todas las luces apagadas, la
gente ya debería de estar durmiendo.
Inhalas, y exhalas.
Observas detalladamente, hay un televisor
prendido justo en el apartamento frente a ti. Debe ser la pareja del 305 que
está viendo una película. Recuerdas el sentimiento que te provoca el simple hecho de imaginar a
dos personas frente a un televisor.
Recuerdas lo solo que estas. Volteas a ver el libro que está frente de
ti, lo abres en una página cualquiera y lees “Pinche vida”. Lo cierras, con una
sonrisa dibujada en tu rostro.
Inhalas, exhalas.
Se escucha una puerta abrirse en la parte
de arriba, deben ser los vecinos que apenas llegaron. Escuchas pasos.
Volteas a ver al cielo, esperando
encontrar la luna, mas no esta ahí.
Vives en la ciudad, es extraño que se pueda ver un pedazo de universo en
ese atardecer eterno.
Vuelves tu vista hacia el 305, intentando imaginar
que es lo que deben de estar haciendo los amantes que viven ahí. Tus ojos se
llenan de nostalgia y es entonces cuando te sientes solo. Simple, completa
e inevitablemente solo
Inhalas, exhalas.
Desearías estar escuchando el cantico de
los muslos de ella, mas no está. Se fue hace tiempo. Volteas a ver el cigarro
que traes en la mano y te pierdes en el tabaco ardiendo lentamente. Recuerdas
todo, y nada.
Poco a poco, las figuras en tu mente van
cobrando forma hasta quedarse en una sonrisa, una memoria tatuada en ti.
Pero no es cualquier sonrisa, es su sonrisa. La sonrisa, especificamente, que ella tenia del dia en el que se conocieron.
Inhalas, exhalas.
Saboreas la idea suicida de que una
chispa de tu cigarro caiga en un tanque de gas, que éste explote y que te lleve
junto con la explosión, mas nunca pasa. Nunca pasa nada y no pasará por mas que
lo desees. Entonces, esperas.
Observas tu cuarto, la cama destendida,
bocetos a medio terminar y una pared llena de fotos. La alfombra, siempre
quieta. El ropero que nunca te habla y las paredes que siempre te están dando
la espalda. Haces el recuento de los días que llevas repitiendo esta misma
rutina. Levantándote a media noche para
fumar, reflexionando sobre lo que nunca pudo haber sido. Esperando hasta que tu
cuarto sea iluminado por la luz engañosa del alba.
Ya han sido muchos.
Inhalas aire puro, suspiras y vuelves a introducir
el humo del tabaco en tus pulmones.
Exhalas.
Observas el cenicero que no has lavado en
meses, tiene tantas colillas atrapadas en el, que te sorprende ver cuanto has
fumado en las ultimas semanas.
Es corto el tiempo que llevas realizando
este minucioso ritual de adicto, sin embargo, ahora parece demasiado; Entre
reflexiones y recuerdos, tu cigarro ya lleva un buen rato consumiéndose y
pronto se acabará.
Regresas al recuerdo de su sonrisa, o a
lo que piensas que recuerdas sobre ella. En realidad no la recuerdas tan
detalladamente como piensas.
Inhalas profundamente, llevándote una
gran cantidad de humo a tus pulmones.
Suspiras y envuelves el ambiente en una
niebla repentina que se disuelve entre el frio de la noche.
Decides apagar la luz, prefieres no
voltear a ver las cosas que te recuerdan a ella; Todo te recuerda a ella. La
cama en la que no está, el cuerpo que no esta acariciando y los dedos que están
extrañando su tacto. Lo único que está iluminando ahora, es la brasa constante
de el cigarro semi muerto que tienes en la mano.
Eso, y la luz que sale del cielo. Un
faro, una estrella o el televisor que tus vecinos están ignorando. Pues pasaron
ya a una actividad mas entretenida. Viene a ti el recuerdo de una frase sobre
convertir a las mujeres en literatura. Sonríes vagamente y te das cuenta que
solo escribes cuando estas triste.
Tomas un pedazo de aire, y lo contaminas
con mas humo de cigarro.
Ya está a punto de acabarse.
Al exhalarlo, pronuncias unas palabras
que no pudiste escuchar bien. Palabras que ya no recuerdas y que probablemente
trataban sobre tu nostalgia, sobre cuanto la extrañas. O tal vez solo trataban
sobre como te empezó a dar sueño.
Balbuceas antes de colocar el cigarro en
el cenicero, junto a sus compañeros caídos.
Te quedas viendo hacia el horizonte, mas
allá de los muros de concreto que rodean tu vista, mas allá de los cuerpos
desnudos de dos amantes que chocan entre ellos, mas allá de los suspiros de la
ciudad. Ves mas allá de todo, la ves a ella
Y la extrañas.
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