jueves, 1 de septiembre de 2016

Hoy

Para mi querida Flaca:

Hoy me levanté de mi cama a las 6 de la mañana. A penas y podía abrir los ojos, tenía destellos de sueño pegados en las comisuras de mis párpados. Como siempre, pisé el suelo con mi pie derecho, descalzo. El sabor a hielo de la mañana me hizo temblar durante unos segundos. Después de eso, fui a la cocina y me serví un vaso con agua. Pensé en ti mientras hacía el desayuno.

En el trabajo me encontré con María, dice que está bien y preguntó por ti. Le dije que estabas radiante, bellísima. Después de eso no hay mucho que contar, papeleo, comida, pláticas superficiales con mis compañeros y tráfico. Lo de siempre.

Después llegué a mi casa y chequé mi celular para ver si habías dejado algún mensaje. Nada. Me senté a ver la televisión, abrí una cerveza y prendí un cigarro. Mientras una película de amor transcurría en la pantalla, volví a pensar en ti, preocupado por si comiste hoy, si te fue bien en el trabajo, si pasaste bien la noche y cuantas veces habías sonreído en el día. Abrí mi computadora y busqué las fotografías del viaje a Veracruz.

Encontré un cierto alivio al ver tu cara; te extraño flaca, con una nostalgia que no cede ni siquiera ante las lágrimas. Encontré el video donde nos cantábamos "Quisiera ser alcohol" de Jaguares y sonreí. ¿Te acuerdas de ese viaje flaca? Fue la primera vez que se me escapó el "Te amo". Eramos unos mocosos. Quien imaginaría lo que somos ahora.

Me perdí un rato en los recuerdos. Pausando a cada rato el reproductor para poder recordar vívidamente. Después encontré una foto donde me estás abrazando. Creo que solo contigo sonrío así, lleno de amor y alegría. Rebosante de esperanzas y sueños por cumplir. Feliz. ¿Te acuerdas flaca? ¿cómo dijiste que me amabas? si mal no recuerdo fue a la luz de la luna, los dos solos, observando el mar, ebrios de pasión y Moët.

Después de eso me fui a recostar, esperando a que el sueño me abrazara. Estuve un rato mas recapitulando esas primeras etapas de nuestra relación. Encontré mas videos, hay uno donde recargas tu cabeza (que encaja perfectamente) en mi hombro. Te ves hermosa cuando cierras los ojos ¿te lo había dicho?

Seguí viendo varias fotos y videos, en la mayoría salimos cantándonos alguna canción cursi. Volví a, mientras escuchaba nuestras voces desafinadas cantar "romanticamente". Lo pongo entre comillas porque parece mas un matadero de gatos que una escena de amor.

Ya ha pasado mas de 1 año y medio desde eso, y aún te extraño como desde el día en el que me dijiste que ya no podías más.

Te mando besos, mi flaca hermosa. Donde quiera que estés, besos por todo el cuerpo y en los labios. Espero que estés bien y que hayas comido hoy. Te mando hartos besos flaquita, besos de agua, de sal y de chocolate, de esos besos que te hacían reír. De esos besos que hoy no tienen a quien entregarle el alma.

Besos, desde el fondo de mi corazón, todos los besos que quieras y necesites.

Ricardo.

viernes, 29 de julio de 2016

Muerte y amor.

Yo no debería de hablar del amor. Yo no debería de saber amar y entregar todo, para que al final se vaya a la chingada. Yo no debería de hacerlo, sin embargo lo hago. Y lo hago con tanto entusiasmo, tanta entrega, como si fuera la primera vez.

Y heme aquí, intoxicando de ron, tequila y drogas, recostado en mi cama esperando a que mañana amanezca con alguien que me ame. Aunque sea que no me ame, pero que se quede mas de una noche conmigo. Quitándome el letrero de "Motel de paso" que tengo en la frente.

 Eso es lo que busco, mitigar la soledad. Esperar a que alguien me de los buenos días, a que alguien me despierte con un beso, con un desayuno; aunque sea un pan con mantequilla y mermelada, lo que sea. Despertar con alguien que se preocupe por mi. Encontrar a alguien quite esta incansable necesidad de amor que tengo.

Pero no pasa, sigo despertando entre colillas de cigarro y nostalgia de alcohol, de fiesta. Despertando después de beber de las piernas de quien ya no está. Nombrando recuerdos entre orgasmos, gente que no está presente. Mujeres que han marcado mi vida y que ya no tiene mas que un recuerdo en mi inconsciente; que han pasado y me han desmadrado de todas las maneras posibles y que aún así sigo amando.

Escuché una vez decir a alguien que el amor apendeja, que la vida no es más que una película, una cruel historia de cine noir hecha para burlarse de uno mismo. Y yo me pregunto: ¿Cuándo será mi primer punto de inflexión? ¿Cuando será la primera vez que alguien me incite a continuar la trama de mi vida?

Hasta ahora no he conocido a nadie que lo haga, y aquellas personas que pensé que lo harían no lograron mas que ser un sueño, un minuto de una película que parece eterna. Una alucinación. Un viaje de menos de 4 meses, que te dejan con un sabor de boca peor que el de una cerveza caliente.

Estoy tosiendo, no por enfermedad ni por el cigarro. Estoy tosiendo por que mi garganta pide a sangre la vida que le falta. Estoy enfermo de ilusiones y deseos de encontrar a la persona indicada. Estoy agonizando por eso.

Y lo peor de todo, es que estoy recordando a todas las mujeres que he amado. Deseando que alguna, cualquiera, regrese y me recuerde como la amé. Para volver a hacerlo, y volver a vivir. Porque justo ahora, en este momento:

Estoy muerto de ganas por estar vivo.



viernes, 20 de mayo de 2016

Cicatrices y lunares

¿Sabes que es bien pinche difícil? el olvidarte del cuerpo de alguien. El haber recorrido tantas veces su piel con las yemas de tus dedos, el haberte aprendido cada lunar y cada cicatriz que tienen con tus labios. Es estúpidamente imposible olvidar lo que el tacto se aprendió de memoria. tantas pieles, tantas cicatrices, tantas personas que estudie de arriba para abajo, que ahora no se a quién pertenece cada marca en la piel. Todas se encuentran difuminadas en una mezcla homogénea de sexo, amor y nostalgia. 

Una cicatriz en la parte baja de la espalda, que lleva la historia de un juego de niños. Una marca de varicela en medio de los senos, un lunar en el cuello, en la pantorrilla, en los labios; los rastros de una operación en el estómago, el relieve de un tatuaje en las costillas. Un arete en el ombligo. Marcas de la vida pasada, que están en todas aquellas personas a las que amé. O quise. o me cogí. Da lo mismo, siempre terminas amando a con quien te revuelcas y viceversa. 

Hasta la fecha no se si he amado a alguna, o si las he amado a todas. Pero si algo es cierto, es que estoy escribiéndoles a las 3 de la mañana, borracho de carne y desesperado por volver a tocar su cuerpo o por volver a amarlas. Ya no sé. La urgencia es cabrona. Y esta urgencia es una de esas que no se quitan solo con un acostón. Es de esas urgencias que solo se van cuando alguien se queda mas de una noche. Es urgencia de amor, o de algo más. Alguna mamada de esas que escriben en los poemas. ¿Como dice ese poema? “no es que muera de amor, muero de ti” o algo así. Me estoy muriendo de lo insoportable que soy yo sin ella. Sin ellas.

 De nada sirve la pasión de media noche. De nada me sirve porque siempre termino buscando marcas en una piel que me recuerden a otra piel. Eso de ser animales a ratos aburre, y te deja con la amargura de la falta de amor, o atención, yo que sé. La amargura de que alguien se preocupe por ti. Eso. Por eso digo, que está bien culero esto de estar urgido por atención, ¿o amor? ¿Será que amamos nada más para que nos pongan atención y así poder encandilarnos un rato en los ojos de alguien mas, platicándole nuestra vida sabiendo que tal vez le interese? 

Si me pidieran que definiera amor ahorita, lo definiría como la urgencia. La necesidad. El amor es esa cosa que te hace querer mas, que te apendeja y te hace querer aprenderte todo de otra persona. El amor son las marcas en la piel, y los sabores, y los olores, y las historias, y la vida, y el sexo, y las imágenes y todo. El amor son Sofía, Ana, Itzia, Alejandra, Mariana y Emma. son todas ellas allá, y ninguna aquí. El amor es eso que te hace escribir, cantar, llorar y querer morirte. El amor es ese nombre que gritas en el orgasmo, y esa mirada que tienes al despertar con alguien. 

Quien sabe, igual y un día dejo de estar tan pinchemente urgido buscando entre las cobijas, intentando sentir un poco de calor humano. Tal vez, algún día, venga alguien que me aguante mis chingaderas, alguien que me haga olvidar esta sed de recuerdos. Alguien, que se de el tiempo de aprenderse mi piel. Y que se quede. 

miércoles, 8 de abril de 2015

Solo quédate.

Tras un abrazo amargo y un adiós silencioso, el dio la vuelta. Caminó en silencio hasta su coche, donde una vez encerrado, arrancó pisando el acelerador a fondo. El motor reprochaba el esfuerzo al que estaba siendo sometido, las ventanas temblaban con el golpe sórdido del viento. Las bocinas sonaban con una melodía incomprensible, pero de alguna manera triste. Atrás de su berrinche a 150 kilómetros por hora, los cláxones de los demás autos pitaban furiosamente, iba por periférico, tratando de que algún imprevisto chocara contra el y así lo despojara del sonido doloroso que sus lagrimas hacían al resbalarse por el rostro. 

Lloraba fuerte, tan fuerte que no podía escuchar ninguna otra cosa. Lloraba y no podía parar de hacerlo. 

Se detuvo en una tienda, compro unos cigarros y un tequila; ignorando las miradas de los clientes, pagó. 247 pesos cerrados. Subió de nuevo a su coche y abrió la botella, le dio un trago grande, esperando que el ardor del destilado le quemara la garganta, para así no poder sollozar mas. 

Volvió a acelerar, alejándose cada vez más de lugar donde todo pasó, pero no podía alejarse del recuerdo. De las palabras que ella dijo. No se alejaba, por más rápido que fuera. Entre cambios de velocidades fumaba y le daba un trago a la botella.

 Al llegar a su casa, ya se había terminado casi todo el tequila. Estaciono mal su coche, se recargo en el cofre y miro al cielo. No contemplaba la luna, ni las estrellas, ni el atardecer eterno de la ciudad. Estaba esperando, imaginando, que un avión se desplomara y chocará justo en el punto donde estaba parado. Esperaba morir. Quería morir. Quiso morir. 

Tomo otro trago de la botella y camino hacia su departamento. El olor del cigarro no podía quitarle el olor de su perfume. El sabor del alcohol no podía quitarle el sabor de su piel. Todo giraba en torno a ella, como desde el inicio, como desde la primera vez que la vio. 

Subió 6 pisos, abrió la puerta de su departamento y se metió. Se dejó caer sobre la cama que habían compartido mucho tiempo atrás. Hace días, años, milenios. Acostado, se termino la botella y prendió otro cigarro. Fumo uno, después otro y otro. Y así lo repitió hasta que se terminaron. En medio del humo se dio cuenta que ya no tenía nada con lo que distraerse. Entonces, lo consumió el dolor. 

"Quédate" dijo en silencio, antes de dejarse consumir por las sombras que alargaban su cama. 
"Quédate" repitió mientras la voz se le quebraba. 
"Por favor, quédate" y se durmió esperando no despertar mañana. 

"Te quiero"

Uno aprende con el tiempo, que  los "te quiero" solo sirven para rellenar espacios vacíos. Espacios que poco a poco se han ido mermando, en los cuales el amor se escurre entre los agujeros del alma. Espacios que nunca se llenan, a los que nunca ha sido posible saciar de palabrerías amorosas y cursilerías sin sentido. 

Uno aprende que, con el tiempo, todo se desgasta. Se resquebraja. Se termina por romper. Las incertidumbre idílica busca rellenarse a partir de seguridades verbales. Un "te quiero" es una promesa a corto plazo. Una promesa que se debe de renovar constantemente, porque expira segundos después de haberla dicho. Las letras se pierden en las grietas personales, el significado se disuelve en el vacío del estomago. Un "te quiero" puede durar una infinidad, pero no mas de 2 segundos. Por eso es importante decirlo a cada rato, por eso es importante darle un sentido de permanencia a esas palabras.

Por eso, y simplemente por eso, te lo repito ochentaisesmil cuatrocientas veces al día, todos los días. Aunque haya semanas en las que tu no me lo digas. 

jueves, 2 de abril de 2015

La noche se me pasa entre el melifluo vaivén de los coches citadinos. El reloj junto a mi cama intenta compensar dos manecillas rotas moviendo su solitario segundero. Mis pies se congelan con el beso de las cobijas y mis labios pronuncian el ultimo aliento de un cigarro moribundo.
Entre la oscuridad de la madrugada te imagino respirándole a mi pecho.
Aquí, en la oscuridad pre-matinal de las 5 de la mañana, me gustaría que estuvieras; diciéndome lo mucho que te gusta que te quiera.

  

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Café et limonade

Me citó en Manuel Montt 527, en un café llamado Conchita Flores B&B. Un pequeño paraíso rojizo camuflado entre el tumulto de Santiago. Había un hotel arriba, sin embargo me especificó que nos quedaríamos en el café. Llegue exacta, a las 14:00, esperando ansiosamente ver sus ojos de tierra y su aroma a chocolate de tabaco. 

Me costó trabajo encontrar el lugar, nunca había venido por aquí y fue bastante difícil dar con el. Caminé por la calle, pidiendo direcciones bajo la agresiva luminiscencia del sol. Cuando preguntaba, inmediatamente era delatado mi carácter ajeno y extranjero al país.

-Hablaí muy bien ehpañol. ¿De dondereí?- vociferó el dueño de una tienda a la que pase a preguntar. Sin embargo, a mi no me parece que el español sea uno de los lenguajes que se pueden hablar bien si no naciste aprendiéndolo. Mi español es terrible, mi pronunciación aún mas. Los rastros de francés se vislumbran a leguas en las r's y en las vocales, arrastradas adrede por las reglas recelosas de mi lenguaje materno. Además, con tantos modismos es especialmente difícil entender el español Chileno.  -Ya, mira el café ehta por allá, una doh cuadrah deaquí. Eh rojo y estanteh de Elidoro Yañeh- dijo el hombre de la tienda. Le di las gracias y seguí caminando. 

Cuando por fin encontré el lugar, inmediatamente me transporto a una de las veces que visité a Italia. la fachada se parece mucho a un café en Verona en el que alguna vez desayune con otro amor. Roja, adornada con geranios y barandales de hierro negro. Un estilo clásico que se asemeja una casa de verano en el campo. Una de esas casas de ensueño donde puedes morir en paz. Como las de las postales. 

Con el sabor de un pasado dulce en Verona, entré al café.  El olor a música bohemia y madera fue lo primero que se hizo notar en el aire del pasillo. La palabra "hotel" se alzaba en la primera puerta, después la de "cafetería" en la segunda. Con cada paso que daba, el piso de madera se quejaba. Mis tacones le añadían al rechinido un tamborileo de flamenco. Pasé por una zona de mesas donde un hombre solitario comía, escondido a la luz de la ventana. Las vitrinas del recinto, repletas de conchitas de mar, le daban un sabor a Neruda excepcional.

Pasé al área de la terraza, es un pecado desperdiciar un  día de verano como este tomando un café adentro. El piso de madera terminaba en el umbral de la puerta, así que ahora el sonar de mis tacones estaba solo. Me senté bajo la protección de una sombrilla y una enredadera, al lado de una pared sublime, adornada de azulejos amarillos y alcatraces de piedra. El pequeño jardín estaba inundado por el romanticismo de 2 parejas extranjeras y un anciano, - deben de ser huéspedes del hotel- pensé entre silencios. Por un momento, me quede observando a un matrimonio de ancianos alemanes que parecían llevar una vida juntos. Tuve celos de ellos. 

Entretenida por un soliloquio visceral y silencioso sobre lo que debería o no ser el amor, ignore sin querer al mesero que mansamente me ofrecía la carta. Cuando me llamo por segunda vez, interrumpí mi cuasi epifanía dandole las gracias y pidiendo perdón.

Le sonreí y dije -por ahora una limonada de menta con miel. Gracias- Él sonrío ante mi extranjería y asintió. Tomo la carta y caminó al mostrador. El mantel azul con flores blancas, aunado a la maceta de geranios y al plato con una concha de mar sobre una servilleta, le daban un toque bellísimo a la mesa. Mesa para dos, mesa para un amor.

Pasaron 10 minutos desde que el mesero me trajo mi limonada hasta que Ricardo me tapo los ojos. -¿Quien soy mon amour?- Dijo en un francés tan malo como mi español, mientras me daba un beso en la mejilla. -No se, pero vete, que estoy esperando a alguien- le contesté. El se rió y se sentó en el lugar frente a mi.  

-¿Llevas aquí mucho tiempo?- Me preguntó, preocupado por haberse atrasado solo una vida.
 -Llevo 30 minutos esperándote. Imbécile- le respondí. 
 Volvió a sonreír -bueno, pues ya estoy aquí- y se acercó para darme un beso. 
Lo rechace. No estaba enojada, solo quería hacerlo sentir mal. Uno de esos impulsos de niña malcriada que juega a ser una reina indignada. El mesero se acercó y le ofreció la carta. Él la miro un instante y pidió un esspreso. 

-¿Cómo puedes tomar eso con este calor de mierda?-  Pregunté, sorprendida por lo estúpido que es tomar café caliente bajo un clima de los 7 infiernos. Alzó despreocupadamente los hombros y no dijo nada.

Le conté mi odisea para encontrar el café, claro, exagerando algunos detalles. Después de una breve platica, preguntó si estaba la dueña del café. Entonces preguntó también si podía hablar con ella "un ratito".

Pasaron 5 minutos y la mujer llego a la mesa. Me saludo a mi y luego a el. "¿de donde soí?" pregunto después de que nos presentáramos. -De Francia, y de México- dijo el. -Ya, ¿y vení de lunademiel a Santiago?- Sentenció la dueña. 

Ambos, sorprendidos, repetimos rotundamente la negativa a un amor comprometido que fuera más allá de este año. Después nos reímos y le informamos a coro que estábamos aquí de intercambio y que nos conocimos en una fiesta, hace 2 meses. Ella nos felicito, ignorante del dolor que nos acaparará cuando ambos regresemos a las soledades de nuestros países.

Ricardo empezó a preguntar sobre la historia del café, sobre cómo se hizo y cual era el estilo. No recuerdo la mitad de los datos, debido al horrible español con el que la dueña se comunicaba, pero alcancé a entender que llevaba tres años de restauraciones y que antes estaba muy deteriorado. Que se llama Conchita Flores por que su ex marido coleccionaba muchas conchas de mar y porque a ella le gustaban las flores. También que era muy difícil y caro mantenerlo. 

Después de la platica, un breve intercambio de risas y una anécdota sobre su ex marido, la pobre y demacrada dueña dio las gracias y se fue. También le dimos las gracias. 

-¿Para qué hablaste con la dueña?-  pregunté.
-Es para una tarea flaca, tenía que venir aquí y escribir algo en este café. Era esto o una pizzería, pero decidí que un café era mas romántico para estar contigo-
-¿Ah, y de que vas a escribir?- Volví a preguntar.
Sonrió y con los siguientes dos monosílabos que emanaron de sus labios logró que mis huesos se derritieran. 
-De ti-